Música milenaria

Las personas siempre han tenido la inquietud de preservar en el tiempo todo aquello importante que han hecho en la vida. Seguramente por eso se inventó la escritura hace miles de años. De no ser así posiblemente nadie recordaría ahora al divino Odiseo y el protagonista de los Simpson tendría otro nombre.
Tampoco habríamos oído hablar jamás de un tal Seikilos ni de la canción que dejó escrita sobre la tumba de su esposa hace quizás más de dos mil años.

 


Seikilos colocó sobre la tumba de su esposa Euterpe una columna de mármol con una inscripción que decía lo siguiente:


Soy una imagen de piedra.
Seikilos me puso aquí
donde soy por siempre
el símbolo de la evocación eterna.


 

A continuación podemos ver la letra de una canción con su melodía justo sobre el texto, escrita en la notación musical de los antiguos griegos.

Las notas son las letras mayúsculas y encima de ellas hay unos signos con puntos y rayas que indican la duración de las notas.

La canción dice así:

Mientras estés vivo, brilla; no dejes que nada te entristezca más allá de la medida
porque corta es la vida por cierto, y su retribución el tiempo exige.

Y suena así…

Epitafio de Seikilos

 

 

Hoy en día se conoce la canción con el nombre de Epitafio de Seikilos y se considera la composición musical más antigua del mundo. Esto no quiere decir que no existan canciones más antiguas. Se han hallado fragmentos de música aun más antigua. Lo que tiene de especial la canción de Seikilos es que está íntegra y que hoy en día como ya hemos visto se puede interpretar en su totalidad.

No se sabe nada más acerca de quien fue Seikilos, puede que una persona importante, puede que el autor de la canción… Tampoco de Euterpe, ni siquiera si realmente era la esposa de Seikilos. La única pista está en la pequeña dedicatoria que hay al final de la columna: De Seikilos a Euterpe.

La tumba de Euterpe con su columna se descubrió el año 1883 en Turquía, cerca de la actual ciudad de Aidín. Se ha datado aproximadamente entre el 200 aC. y el 100 dC.
La columna desapareció en el año 1922, durante la guerra entre Grecia y Turquía y se volvió a encontrar años más tarde en el jardín de una casa del pueblo. Parece ser que la señora de la casa la colocó boca abajo para poderla utilizar como soporte para una de las macetas del jardín.
Seguro que Seikilos no se imaginaba todas estas peripecias ni que su canción todavía se cantara dos milenios más tarde. Pensándolo fríamente, es difícil de imaginar.

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