El pentagrama: La pauta para leer música.

A todos nos resultan familiares estas cinco líneas con ese signo tan curioso que aparece al principio. Siempre las vemos repletas de notas aquí y allí y aunque no tengamos ni idea de lo que significan a simple vista resulta evidente que no están colocadas al azar.
Aunque hay otros métodos de notación musical, el pentagrama desde hace siglos es el más universal y utilizado de todos ellos. Pero como muchas otras cosas no ha sido siempre así y hoy toca explicar cómo se han llegado a utilizar cinco lineas para escribir y leer música.

La aventura del pentagrama empieza en plena Edad Media, alrededor del siglo IX. En aquella época la escritura era un conocimiento prácticamente exclusivo de los miembros de la Iglesia. Seguro que os resulta familiar la imagen del monje escribiendo a mano aquellos enormes y hermosos libros.
El caso es que en algunos de esos libros se escribían las letras de los cantos e himnos que los monjes utilizaban en sus actos religiosos para alabar al creador.

neumas

Había la costumbre de colocar unos signos encima del texto que se conocen con el nombre de neumas y que se utilizaban para indicar la melodía del canto.
Los neumas no son exactamente notas. Algunos lo son pero otros en cambio son pequeñas figuras melódicas, grupos de dos, tres y más notas. Por ejemplo podrían ser tres notas ascendentes, o una ascendente y dos descendentes.
Al margen de su significado el problema que tenía este sistema es que no era capaz de definir la relación de un neuma con el anterior o el siguiente. Es decir, no había manera de saber si el neuma siguiente hay que cantarlo más grave, más agudo o igual que el anterior. Esto daba una idea aproximada de como era la melodía, servía de recordatorio para aquel que ya la conocía pero era casi imposible cantarla sin conocerla. Si nos ponemos técnicos habrá que decir que a estos neumas se les llama adiastemáticos.
Durante el siglo XI por fin se decidieron a solucionar el problema al utilizar los neumas diastemáticos.

En realidad todo funcionaba exactamente igual con la pequeña diferencia que los neumas se escribían a diferentes alturas en el papel respecto a una linea imaginaria. Cuanto más distancia entre la línea y el neuma más alta será su sonido. Al principio como ya he explicado la línea era imaginaria o en todo caso se marcaba en la hoja pero sin utilizar tinta, imagino que para no afear el manuscrito. Precisamente por no utilizar tinta para marcar la línea se les conoce como linea de punto seco.

neumas diasistémicos

tetragramas

Más tarde se empezó a marcar la línea realmente con tinta de color rojo o amarillo, aunque con una sola línea a veces resultaba confuso o poco claro establecer el tono exacto de los neumas, especialmente de los que quedaban más alejados de la línea. De modo que tan solo era cuestión de tiempo que a alguien se le ocurriera poner más líneas y encajar los neumas en ellas para tener un punto de referencia que no diera margen de error. Parece ser que ese alguien fue ni más ni menos que nuestro ya conocido amigo Guido d’Arezzo, el monje benedictino del monasterio de Pomposa, cerca de Ferrara en Italia y que llegó a ser maestro de la catedral de Arezzo. Gracias a él pasamos de una sola línea a cuatro, es decir el tetragrama, que hoy en día aun se utiliza para el canto litúrgico.

Además de las cuatro líneas Guido recomendó también el uso de las claves, otra idea genial. La clave consiste en un símbolo que colocado al principio de una de las líneas indica una nota concreta. De modo que si ponemos en una línea la clave de Do estamos diciendo que todas las notas que caigan en esa línea serán Do. Y por definición las notas de la línea superior serán Re, etc.
Sin usar claves el problema que tendríamos es que por ejemplo canciones con notas muy agudas habría que escribirlas muy por encima de la cuarta línea y volveríamos a tener problemas para identificarlas. Al añadir una clave estamos usando un punto de referencia más alto o bajo según nos convenga de manera que podremos escribir la melodía dentro de los límites de las cuatro líneas.

clave de do en un tetragrama

Y sí, la famosa y bonita clave de Sol es la descendiente de estas primeras claves que aparecen en los pergaminos.
A partir del siglo XIII empezó a ser habitual el uso de cinco lineas en vez de cuatro, pasando por tanto del tetragrama al pentagrama. Durante los siglos XIV y XV se llegaron a utilizar seis líneas para la música polifónica, pero hasta el momento el pentagrama es el modo más universal para escribir y leer música. Pero eso de leer la música lo dejamos para otro día, aunque conociendo esta historia seguro que os resultará mucho más fácil.

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